chains

I write to you
in the darkest spot
of the room that holds me
far away from you.

I write to you
despite the heavy chains
that tie my prisoner hands
and heart and veins.

I write to you,
my forbidden love,

with the candlelight

from a thousand miles away.

And with every word I write,
and through tears and cries,

I wish
I hope
I pray.

//A

lucky

And if we’re ever lucky enough

we’ll meet each other again.

We’ll look into each other’s eyes

maybe only for a split second, as we pass by.

Maybe you’ll be on your phone,

and I’ll have a coffee on my right hand.

And we will cross each other indifferently

but our eyes will know.

‘cus the eyes my sweet, gentle, boy, they never lie.

 

//A

se que estás ahí

Jaula de oro,

se que estas ahí:

te pido por favor que me saques ya de aquí.

Jaula de oro,

Quítame ya este estúpido bozal,

prometo hablarte quedo y sin gritar.

Jaula de oro,

sigues estando ahí?

Siento tu presencia

en mi silencio cínico y absurdo.

Jaula de oro,

si no me dejas tampoco escribir,

con la tinta de mi sangre

al menos déjame vivir.

 

 

//A

Dia de luto en la tierra del fuego

“El bosque de la vida fue destruido en el último atentado de millones de  incendiarios. Marchaban con lumbre en las pupilas y carteles pro-aborto en las manos”.

Mi corazón lleva llorando 30 minutos desde que leí la noticia de la legalización del aborto en Argentina. Me duele tanto saber que vivimos en una sociedad que busca la salida fácil a todo. Porque eso es lo que hacemos al abortar, buscamos la salida fácil a un “problema” para no batallar y no complicarnos.

El aborto es apropiarse de una vida, que no nos pertenece, y tirarla a la basura. Sí, literalmente a la basura, por que eso es lo que les pasa a todos y cada uno de los bebes abortados: los deshechan como si fueran mierda. Esas almas puras, esos destellos de esperanza que con tanto fervor imploramos, con esa misma fuerza, los deshechamos y los regresamos a donde vinieron. No les damos la oportunidad de hacer de nuestro mundo un mejor lugar, no les damos la oportunidad de vivir su propia vida, de decidir por ellos mismos si vivir o morir. Les quitamos su libertad llamandola nuestra y hacemos todo por egoísmo puro.

Somos una sociedad que no sabe responsabilizarse por sus propios actos. (Y espero no escuchar aquí un reproche de “y si la violaron?”.) En su esencia pura, el cuerpo de una madre fue creado para amar ante todo y ante todos. Pero nosotros como sociedad le alimentamos lo contrario; nos creemos la mentira de que fuimos creados para odiar, para vivir egoisticamente y para hacer lo que nos plazca. No es así, nacimos para amar, para darnos a los demás, para ser solidarios y para ser felices. Y ¿cómo te hace amable, generoso, solidario o feliz asesinar esas vidas blancas? Esas vidas puras, esas vidas limpias, que vienen sin pecado ni culpa, llenas de esperanza, sedientas de amor.

Por ahora me queda llorar, pero no sin levantar la voz y sin condenar ese acto tan sucio, egoísta y cruel. Algún día me quedará algo más, tal vez.

 

//A

 

 

Trodat 4926

Y de pronto me encuentro buscandote entre cientos de papeles que firmar y entre otro tanto de facturas que archivar. Perdida en el espacio, en el intermedio, me encuentro buscandote, por aqui y por alla, por alla y por aqui. Sin saber que busco, pero sabiendo que no lo voy a encontrar.

Talvez por que estoy buscando en el lugar equivocado, tal vez por que no deberia de estar buscando. Tal vez por que ya se volvio una rutina el buscar. Tal vez no una rutina, pero si una obsesion. No, no es una obsesion, tal vez una necesidad. No lo se, lo que si se, es que la busqueda es en vano, porque me queda claro que aqui no estas.

Cuenta conmigo

Las cuento 
y vuelven a ser cuatro.
Contar y volver a contar
No afectará su tamaño ni cantidad
Pero eso no me impide contar

Me siento, trato de mantener la calma
Y empiezo a volver a contar
Una, dos, tres, cuatro.
Nunca me he atrevido a tocarlas, 
simplemente a mirar.
Mirar desde en medio, antes de contar.

A veces el espacio parece que se achica,
y me asfixio antes del hondo respiro
que me incita a volver a contar:
una, dos, tres, cuatro.

Siempre pensé que alguien vendría a rescatarme
o al menos a contar conmigo.
Entro en pánico, me desespero, me quito la ropa
y vuelvo a contar:
una, dos, tres, cuatro.

Mientras tanto, escucho pasos y carros
y conversaciones ajenas
y triunfos
y éxitos
y a veces, me tiento a dejar de contar.

 

//A