Madrid

Te huelo Madrid para así disfrutarte            12    A

Las noches, las luces, el día y el sol               11    B

Gracias por la hospitalidad envuelta            11    B

En geranios y parques                                     7    C

En edificios y calles                                         8    D

En tus días de calor.                                        7    C

Camino, respiro, te siento conmigo            12     A

A pesar de llevar una vida entera                 12    A

No me siento ni en casa ni extranjera          11    B

Nadie es de aquí ni de allá                              7    C

Pues las razas vienen y van                            8    D

Y hoy me toca decirte:                                     7    C

Te dejo Madrid para así regresar                 11    B

 

 

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El Sueño Mexicano

Caminaba por las calles y veía a una niña de unos cinco años pidiendo una moneda para poder comprar un refresco. No pude resistirme a su pequeña carita llena de inocencia, suplicándome con sus ojos que le concediera ese deseo como un hada madrina de carne y hueso. Metí la mano a mi bolsa y encontré dos monedas de 10 pesos cada una y se las dí. Al dárselas ví como se iluminaban sus ojos y me sentí feliz.

– Cómprate lo que más te guste.

– Muchas gracias señorita.

Me enterneció tanto verla sonreír con su moneda que por poco se me sale una lágrima. Me dolió el corazón al pensar que esa niña tenía que estar en las calles pidiendo limosna para ganarse el pan de cada día cuando debería de estar estudiando o jugando o haciendo cualquier cosa que los niños de cinco años hacen.

Seguí mi camino hacia el restaurante a donde iba. Un restaurante mexicano gourmet en el cual ciertamente no iba a gastarme dos monedas de 10 pesos cada una. Me reuní con unos amigos que tenía mucho tiempo sin ver. Al entrar una chava muy bien vestida me acompaño hasta la mesa donde 2 parejas ya estaban esperándome. Era una mesa redonda con sillas modernas y platos con figurines diferentes.

A pesar del entusiasmo que teníamos de haber pasado casi un año sin vernos, al momento de la comida nos ganó el hambre y el único ruido que se escuchaba en nuestra mesa era el de los platos siendo devorados y los tenedores recogiendo la comida y llevándola a la boca de cada uno de los que nos deleitábamos con tan deliciosos platillos. En el silencio, no pude evitar escuchar la conversación de las niñas de alado. Tendrían tal vez unos 23 años. Escuchaba que una de ellas se quejaba porque no le regalaron el carro que quería de cumpleaños. Criticaba a sus papás y los maldecía.

Me parecía un tanto absurdo y un tanto repugnante la manera en la que esa niña hablaba sobre su papá. Como si fuera su deber regalarle cualquier cosa. Deje de comer y a pesar de estar en el mismo lugar que unos segundos antes, mi mente se fue volando hacia la única imagen que mi cerebro podía concebir; la imagen de la niñita de cinco años pidiéndome la moneda de 10 pesos para sobrevivir ese día.

Y fue en ese momento – por primera vez en mi vida- que me dí cuenta que muchos de nosotros vivíamos el auténtico “sueño mexicano”, más grave y más inalcanzable que el sueño americano.

 

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Nuevo amanecer

“Cada mañana nacemos de nuevo, lo que hagamos hoy es lo más importante”

-Buddha


Cada día que despertamos, la vida nos da la mano y con una sonrisa, nos ofrece una nueva oportunidad de cambiar la dirección de nuestras vidas. Pasa tan a diario que ya lo damos por hecho y ni siquiera nos inmuta la idea. Vivimos quejándonos y pidiendo segundas oportunidades sin darnos cuenta de que cada que sale el sol, tenemos la posibilidad de empaparnos con nuevos colores y de tomar la iniciativa de cambiar las cosas de nuestras vidas que nos roban la paz. Cada amanecer es una oportunidad de cambiar, empezar, dar, hacer, amar.

 

No dejes ir la oportunidad que te brinda un nuevo día,

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