Soy egoísta

Llega un momento en el que tienes que aprender a quererte un poquito más que a los demás. Al contrario de lo que te enseñaron toda tu vida – a ser una mártir, sacrificada, que se desvive por los demás. Y con esto no digo que hay que odiar al prójimo o abstenernos de ayudarlo en cualquier momento de desgracia, si no al contrario, ayudar a los demás termina siendo amor a nosotros mismos. Por que ayudar y tender la mano sana el alma y te llena el corazón.

Pero bueno, ese es otro tema. Cómo estaba diciendo…

Llega un momento en el que te tienes que repetir una y otra vez que lo que sientes y lo que piensas es válido. Y que no estas mal, por estar contraria a los demás. Que a pesar de lo mucho que te digan que lo que sientes y piensas no es real, tu sabes que es verdad. Y a veces cuesta todo esto, por que esto significa liberarte de todo aquello que te hace creer que estás loca.

Es cuestión de amarte, amarte más que a la soledad de estar con alguien, amarte más que a la sumisión de aceptar las ideas de los demás, amarte más que a una relación miserable, mediocre, o enferma, amarte más que a los maltratos de los demás y de las desvalorizaciones ajenas.

Si a esto llamamos egoísta, LLAMENME EGOISTA. 

Si soy egoista por querer una relación en donde mi pareja me de mi lugar, me escuche con atención y no rechace, ni desvalorice mis sentimientos ni mis ideas, sí, soy egoísta.

Y voy a seguir siendo egoísta, porque para aprender a amar, primero me tengo que amar a mí misma. Me amo profundamente, me abrazo tiernamente, me entiendo con cariño y me acepto como soy: una egoísta.

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