Verde Miel

Un día iba yo, caminando por el barrio de Salamanca en Madrid. El calor era tal que me ardía hasta el cerebro; era un día de verano -tan común en Madrid- en los que hace un calor infernal dispuesto a evaporarte o derretirte. Camine desde la puerta de Alcalá hasta la Calle Diego de León y decidí tomar un café en algún café sin importancia. Al pasar por el café no pude evitar ver a los 16 hombres uniformados guardando la cuadra. Pensaba en como debían de estarse derritiendo con el calor aunado a su grueso uniforme azul marino. Resulta que el Presidente de Estados Unidos estaba a menos de un par de cuadras en la Embajada encargándose de unos asuntos de Relaciones Exteriores de los cuales me temo no estar enterada.

Por lo general cualquier hombre uniformado -en especial un policía- intimida a cualquier mujer como yo. Todos parados tan varoniles con sus metralletas -y sabe Dios que tanto- y sus ojos tan alertas vigilando cualquier discrepancia con lo acordado. La mayoría llevaban lentes de sol -lo cual era totalmente entendible con el calor que estaba haciendo allá afuera- menos uno. Era un hombre que aparentaba menos edad que los demás a pesar de su barba bien afeitada. Tenía ojos verde miel que sonreían sin que su boca se moviera. No pude evitar hacer contacto con sus ojos al entrar y en conjunto con el calor que sentía de tantas cuadras caminadas, sentir casi su cuerpo rozar con el mío.

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