Ella

 

Con cada día que pasaba, todas sus virtudes y cualidades se enfatizaban. Sus ojos cafés brillaban cada día mas y su sonrisa ladeada me generaba mas calor. Su risa se volvía más armónica y su manera de desplazarse aún mas rítmica. No había nada en ella que no me volviera completa e irracionalmente loco. Su ser brillaba y yo estaba ahí para apreciar su luz.

Llegó un día en que sus palabras se volvieron mi alimento, y su cuerpo mi vicio. Teníamos un amor tan profundo que me consumía; una atracción tan fuerte que me hacía vibrar. Vivíamos el uno del otro y nuestras existencias estaban sujetadas con el mismo hilo. Era uno de esos momentos en tu vida que no puedes pedir nada más porque sería pecar de soberbia. No se me ocurría una manera en la que mi vida pudiera ser mas perfecta. Con ella a mi lado nada me podía faltar. Eramos ella y yo contra el mundo. Y eso me llenaba cada rincón del alma.

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